La sangre de la vida

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Foto cortesía de: pixabay.com

La sangre es el medio de transporte que utiliza el cuerpo para llevar todos los elementos necesarios para mantenerse en funcionamiento. Un fallo en la circulación de la sangre puede traer graves consecuencias, la principal de ellas es la muerte. Ahora, el que ocurra algún tipo de deficiencia o ausencia de la sangre durante el embarazo puede traer serias consecuencias para el bebé, esto era lo que se temía cuando nació Maisy, una niña irlandesa que nació con ausencia total de plaquetas. Acá les cuento su historia.

Todo era normal en la vida de Emma Vignes, estaba casada y a la espera de una niña. Su vida cambió cuando llegó a la semana 34 de gestación, tiempo cuando notó que su bebé había dejado de moverse dentro de su vientre. Con los nervios de punta se dirigió al hospital donde los doctores decidieron hacer una cesárea de emergencia para conocer lo que le había pasado al feto, ya que si había muerto, podía poner en riesgo la vida de la madre.

Como la niña tenía signos vitales, los médicos le practicaron los exámenes de rigor pero no pudieron tomarle una muestra de sangre pues no tenía. En vez de ese líquido rojo que corre por nuestras venas, la niña tenía un plasma trasparente, un indicio que volvió a encender las alarmas del equipo de doctores que estaba atendiendo el caso.

La explicación médica del caso es la siguiente, con información tomada del periódico “The Daily Telegraph”, durante la gestación el cuerpo de la madre había absorbido los glóbulos rojos del feto, un elemento que es poco frecuente en los embarazos y ya se había reportado casos donde los niveles de concentración de la hemoglobina era bajo, pero nunca en cero como le ocurrió a Maisy.

La primera acción que se tomó al conocer el estado de la niña fue realizarle tres transfusiones de sangre, tomando en cuenta la posibilidad que el tiempo que había estado la niña sin sangre podía haber afectado su desarrollo cerebral. Pero primero debían aguardar a la respuesta del cuerpo de Maisy a las transfusiones y ver cómo evolucionaba el caso.

Luego de dos semanas en cuidados intensivos, los niveles sanguíneos de Maisy alcanzaron la normalidad, por lo que, de momento, se encontraba fuera de peligro. Lo único que se podía hacer era esperar que no hubiera recaídas y cómo se desarrollarían sus capacidades mentales y motoras.

Cuando Maisy cumplió los 15 meses pronunció su primera palabra, dijo “dadda” al momento de referirse a su padre. Desde ese instante, se encendió una luz de esperanza para la familia pues la niña no mostraba síntomas de retraso en sus funciones neurológicas.

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